Hier findet einen platz der Aehren güldne Saat.
GEORG PHILIPP HARSDÖRFFER
I know all that I need to know, there is no hurry.
MICHAEL MC CLURE
———————la escritura se desgaja de toda emoción / mientras sólo una línea termina)
: Escribir supone componer un sistema de resonancias y equilibrio desde cualquier lenguaje, material o abstracto; recuperar un objeto del múltiple marasmo de discursos por los que su ausencia transita, única manifestación de cierto espíritu valedero, preciso. Si se estructura un autómata de la escritura al modo de Heron de Alejandría (ii a.c.) se habrá fallado. El principio de composición primero se separa de la estética. Pensemos de otro modo en Vaucanson (xvii d.c.) y su maquinaria de pájaros, el mundo posible creado desde un objeto al mundo; re-producción de la naturaleza desde lo estéril. Así mismo esta poesía no compete a sí misma ni a su producción si no a una ESCRITURA-LECTURA en la que el referente nuclear deja de ser el signo (como operador en su debido contexto de soporte estético y solamente para el contexto) para centrarse en los procesos cognoscitivos y operacionales del lenguaje por el propio lenguaje, subvirtiendo el propósito principal de comunicación por una introspección fragmentada de su propio discurso—facetar es entender debidamente el universo, sin eufemismos ni valores. Particularmente, desde la escritura habría que reparar en desentender todo lo que se da por sentado desde la escritura. Cierta nitidez surgiría. Y la esencia misma de todo proceso en texto sería un ejercicio de sentido revirtiéndose ad infinitum: then I had a vision—en el futuro, la idea de texto será caduca en principio / el texto (¿experimental) compromete cierta linealidad finita que representa al tiempo (libro?) que pasa sin reanimarnos, a penas haciéndonos caso. Como recurso cualquier texto no se separa de la dimensión temporal del mundo real cognoscitivo. De ahí que el formato en que se desplaza no deje de proponer la problemática de la línea (tanto así en el hipertexto), la ley de final y principio en que nuestra realidad aparenta dirigirse. El texto del futuro será una esfera de luz perfecta —a esfera a espera a esfera a espera a: Cassiano Ricardo dixit—conteniendo en su fuero interno algún tipo de conocimiento superior al de cualquier realidad habida. Sólo a través de la inmediatez del tacto se volverá a tener acceso a cualquier signo, en una lectura que jamás termina sobre un texto que jamás se repite pues la esfera pulsa infinitas carillas y las manos habrán desarrollado papilas perfectas de algún tipo superiores al ojo. Deste modo un poema surgirá del mero trazo, texto en proceso constante que ya no es línea sino el esbozo de alguna posibilidad de enunciado, avanzando a modo de elipse desde la ausencia al sentido, donde el silencio queda de lado—vuelta al ruido: Teoría del Error—y la página en blanco infinita (toda textura blanca en la tierra esta conectada al no ser silencio ni ausencia sino más bien el registro del que todo parte y se descompone) se corrige a través del trazo, reanudando en nosotros la auténtica noción de vacío que nos reside mientras incorpora significado a todas las cosas: Un aeroplano existe cuando desaparece, cuando su representación es accesible el aeroplano ya no sucede de otra forma sino desde lo que aparenta, una posibilidad sostenida por una percepción deficiente. El aeroplano es auténtico mientras que no sea real, tangible. Así la ausencia dimensiona las cosas, nuestros llamados objetos. Aproximarse al principio de una palabra, al comienzo del principio de esta sea quizás la estrategia más rigurosa de toda escritura. Recomponer en esta búsqueda al objeto pueda ser el modo de alguna poesía valiosa. Así afrontar con rigor lo que supone cierta escritura de sentido—pienso en Yves Klein y su desprecio por los pájaros, culpables precisamente de los agujeros en su obra más alta, el Ciëlo—es afrontar desde la realidad una labor superior a la realidad y tal vez más efectiva. Henry Miller habla (Sexus) del flujo, the flux a partir del que la realidad se compone y descompone desde toda experiencia vital y profunda. Escritura y realidad se emparentan, cierto, pero sólo a partir del conflicto que ocurre entre ambas. Hablemos entonces de ejercicios de sentido sobre la realidad por una escritura superior a la experiencia, al cuerpo, una sensibilidad que apele al ejercicio mental de la desconstrucción del texto por el texto mismo. Y en esta ESCRITURA-LECTURA las posibilidades de expresión se amplifican. Una vela entre dos espejos ya no es una sola vela, una son todas y la misma vela; la esencia de esta sobrepasa su estado insignificante facetando la realidad en cada una de sus repeticiones, devolviendo acaso al recinto de la experiencia aquella reflexión difusa que somos de todas las cosas.
2003